Italia – La Republica romana

LA REPÚBLICA ROMANA

Italia - La Republica romana

Su primordial característica era que el imperium o bien poder regio recaía a cargo de 2 cónsules, que actuaban como mandatarios políticos y militares y eran escogidos por una reunión popular por ordenes de un año no prorrogables y asesorados por el Senado, cuyos miembros eran de por vida.

Aunque, desde el comienzo, los monumentos estaban estampados con las iniciales SPQR (Senatus Populusque Romanus –Senado y Pueblo de Roma–), originariamente el pueblo tenía poco que decir. Las iniciales aun se emplean y muchos romanos afirmarían que las cosas han perturbado poco. Conocidos como plebeyos (literalmente “los muchos”), la mayoría de los ciudadanos sin derecho a voto lentamente fue logrando privilegios de los patricios en los más de dos siglos siguientes a la fundación de la República. Determinados incluso fueron nombrados cónsules y, de verdad, cara el280 a.C., gran parte de las distinciones entre los 2 conjuntos habían desaparecido.

A pesar de ello, el sistema aparentemente democrático era en gran medida oligárquico, con una clase política bastante estrecha (patricia o plebeya) que peleaba por las situaciones de poder en el Gobierno y el Senado.

Los romanos tendían a la improvisación. Roma no se estorbó en acuñar moneda hasta el doscientos 69 a.C., aunque sus vecinos etruscos y griegos (después conquistados o aliados) hacía tiempo que disponían de ellas. Los 2 pueblos además llamaron la atención de los romanos con la escritura, que encontraron útil para los documentos y temas técnicos, aunque apenas desarrollaron la literatura. Finalmente, el panteón griego de los dioses formó los cimientos del culto romano. Se trataba de una sociedad patriarcal y su principal componente era el hogar (familia).

De forma lenta al principio y a un ritmo creciente después, los ejércitos romanos conquistaron la península italiana. Las ciudades-Estado derrotadas no eran anexionadas directamente, sino obligadas a actuar como aliadas: mantenían su gobierno y territorio y a cambio debían proveer tropas al ejército romano cuando se les demandaba.

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Este rasgo parcialmente tolerante fue entre las claves de su éxito. Poquito a poco más, la protección ofrecida por la hegemonía romana incitaba a muchas ciudades a convertirse en aliadas de forma voluntaria. Las guerras en Oriente y contra contendientes como Cartago le dieron a Roma el control sobre Cerdeña, Sicilia, Córcega, la Grecia continental, la península Ibérica, la mayor parte del norte de África y parte de Asia Menor cara el133 a.C.

Conforme el Imperio crecía, además lo hacía su red de “autopistas”. Con las calzadas llegaron otras ideas brillantes: los servicios de correos y las posadas de carretera. Era posible expedir mensajes a cualquier lugar del Imperio en cuestión de días o semanas por medio de mensajeros a caballo. En las casas de postas, los jinetes cambiaban de montura, comían algo y proseguían el camino.

En la segunda mitad del s. II a.C., Roma era la ciudad más esencial del Mediterráneo y contaba con trescientos cero habitantes. La mayoría eran esclavos o libertos de clase baja que con cierta frecuencia vivían en condiciones precarias. Se levantaban manzanas de viviendas (sobre todo de ladrillo y madera) a la vera de monumentos inmensos.

Entre los últimos fue el Circo Flaminio, escenario de determinados espectaculares juegos celebrados de año en año. Estos acontencimientos cobraron poquito a poco más relevancia para los romanos, que se agolpaban para ver luchas de gladiadores y fieras salvajes.

EL FIN DE LA REPÚBLICA

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Natural de el100 a.C., Cayo Julio C. probó ser entre los más insignes generales, benevolentes conquistadores y hábiles administradores de Roma. Su sed de poder fue probablemente su perdición.

Fue partidario del cónsul Pompeyo, que desde el78 a.C. era entre las figuras principales en Roma tras sofocar las rebeliones de Hispania y eliminar la piratería. El propio C. había pasado múltiples años en Hispania, ocupándose de las revueltas fronterizas, y a su vuelta a Roma en el60 a.C. formó una alianza con Pompeyo y otro esencial comandante y precedente cónsul, Imperdonable. Los 2 apoyaron la candidatura de C. como cónsul.

A fin de consolidar su situación en el juego por el poder, C. precisaba un cometido militar de extensión. Le llegó con la orden de regir la G. Narbonense, una franja al sur de la presente Francia que se extendía desde Italia a los Pirineos. A partir del59 a.C. C. reunió tropas y al año siguiente entró en la G. (la presente Francia) para atajar una invasión de tribus helvéticas y después doblegar a otras.

Lo que comenzó como una tarea principalmente protectora se convirtió en una auténtica campaña de ocupación. En los cinco años siguientes sometió a toda la G. y realizaron incursiones en Britania y en la otra ribera del Rin. En el51 a.C. acabó con la última gran revuelta de la G., dirigida por Vercingétorix.

Para entonces, C. era apoyado por un ejército veterano y leal. Receloso del creciente poder de su viejo protegido, Pompeyo rompió su alianza política con él y se asoció a facciones del Senado con ideas afines para aplazarle en el49 a.C.

El 7 de enero, C. entró en Italia cruzando el río Rubicón y asimismo comenzando una guerra civil. Su campaña de tres años en Italia, Hispania y el Mediterráneo oriental le reportó una victoria aplastante. A su vuelta a Roma en el46 a.C., admitió poderes dictatoriales.

Promovió una serie de reformas, puso a punto el Senado y se embarcó en un programa de edificaciones (la Curia y la Basilica Giulia siguen de pie).

Cara el 44 a.C. era evidente que C. no tenía la intención de restaurar la República y en el Senado creció el descontento, incluso entre viejos partidarios suyos como Marco Junio Salvaje, que pensaron que había ido demasiado lejos. Indiferente en frente de los cotilleos de un intento de asesinato, C. prescindió de su escolta. Finalmente, un pequeño conjunto de maquinadores dirigidos por Salvaje le acuchilló en una sesión del Senado en los idus de marzo (15 de marzo) del 44 a.C., dos años tras ser proclamado dictador para toda la vida.

En los años consecutivos a su muerte, su gobernante Marco A. y su heredero designado, su sobrino nieto O., se lanzaron a una guerra civil contra los asesinos de C.. Las cosas se aliviaron al tomar O. el control de la mitad occidental del Imperio y Marco A. se dirigió cara el este, mas al enamorarse completamente de Cleopatra VII en el31 a.C., O. le declaró la guerra y por último derrotó a la pareja en Actium (Grecia). Por año siguiente, O. invadió Egipto, transformándolo en provincia de la ciudad de Roma una vez que Marco A. y Cleopatra se suicidaran.