Italia, el surgimiento de una nación

EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN

La Revolución francesa a fines del s. XVIII y el ascenso del emperador Napoleón Bonaparte. alentó en Italia las ilusiones de convertirse en una nación independiente. Desde los días gloriosos del Renacimiento, sus divididos mini estados habían ido perdiendo poder y estatus en el escenario europeo.

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A fines del s. XVIII, la península era poco más que un agotado y retrasado patio de juegos para las grandes potencias.

N. invadió Italia en múltiples ocasiones, poniendo fin en 1797 ala República de Venecia (y a mil años de independencia) y creando el llamado Reino de Italia en mil ochocientos 4, que no era de ninguna forma independiente; no obstante, el terremoto napoleónico hizo que muchos ciudadanos creyesen que un único Estado italiano era posible tras la muerte del emperador.

No iba a resultar tan simple. El reaccionario Congreso de Viena devolvió a todos los gobernantes extranjeros a sus puestos en Italia. El conde turinés Camillo Benso di Cavour (mil ochocientos diez-mil ochocientos 61), primer ministro de la monarquía de Saboya, se convirtió en el cerebro diplomático del movimiento de unificación italiano. A través del periódico prounificador Il Risorgimento, fundado en mil ochocientos 47, y la publicación de un Statuto parlamentario, Cavour y sus adeptos sentaron las bases de la unidad.

Conspiró con los franceses y se ganó el apoyo británico para la creación de un Estado italiano independiente. Su tratado de mil ochocientos 58 con N. III preveía la ayuda francesa en el caso de guerra con Austria y la creación de un reino al norte de Italia, a cambio de partes de Saboya y Niza.

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La sangrienta guerra franco-austriaca (además llamada S. Guerra de Independencia Italiana; mil ochocientos 59 – mil ochocientos 61), que reventó en el norte de Italia, condujo a la ocupación de Lombardía y a la retirada de los austriacos a sus posesiones orientales en el Véneto. Mientras que, el revolucionario Giuseppe Garibaldi había creado la auténtica ocasión para conseguir una unidad plena. Tomó Sicilia y el sur de Italia en un ataque militar en nombre del rey V. M. II de Saboya en mil ochocientos sesenta. Aprovechando la ocasión, Cavour y el rey ocuparon zonas del centro (como Umbría y Las Marcas) y de esta forma se pudo proclamar la creación de un único Estado italiano en mil ochocientos 61.

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En los nueve años siguientes, la Toscana, el Véneto y Roma fueron anexionados al joven reino. La unificación quedó completada y en mil ochocientos 71 se creó el Parlamento en Roma.

El turbulento nuevo Estado presenció violentos golpes entre los socialistas y la derecha. Giovanni Giolitti, entre los primeros ministros italianos con la carrera más larga (jefe de cinco gobiernos entre mil ochocientos 92 y mil novecientos 21), consiguió tender un puente entre los extremos políticos y asimismo instituyó el sufragio masculino.

A las mujeres se les negó el derecho al voto hasta tras la S. Guerra Mundial.