De la guerra d etrincheras a Benito Mussolini

Al reventar la Gran guerra en Europa en el mes de julio de mil novecientos 14, Italia decidió seguir neutral, a pesar de integrar la Triple Alianza con Austria y Alemania. Italia tenía reivindicaciones territoriales sobre Trento (Trentino), el sur del Tirol, Trieste e incluso Dalmacia, bajo control austriaco (algunos de estos territorios los había intentado tomar sin éxito durante la guerra austro-prusiana de mil ochocientos 66). Bajo las condiciones de la Triple Alianza, Austria debía entregar gran parte de este territorio en el caso de ocupar otro en los Balcanes, pero se negó a cumplirlo.

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El Gobierno italiano estaba dividido entre un partido no intervencionista y otro recomendable a la guerra. Este último, viendo que la intransigencia de Austria, decidió tratar con los aliados. En el pacto de Londres de abril de1915, aItalia le prometieron los territorios reclamados tras la victoria. En el mes de mayo, Italia declaró la guerra a Austria y los 2 países se sumieron en una agotadora batalla de desgaste de tres años y medio. Tras el caiga de las fuerzas austrohúngaras en el mes de noviembre de mil novecientos dieciocho, los italianos invadieron Trieste y Trento, pero el Tratado de Versalles siguiente les negó el resto de los territorios que demandaban.

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Las ganancias fueron escasas. Italia perdió seiscientos cero hombres y la economía de guerra había generado una concentración de poderosos barones industriales, al paso que dejaba al grueso de la población en la miseria. Este coctel era aun más explosivo a causa de los muchos militares desmovilizados que regresaban a casa o recorrían el país en busca de trabajo. Era el ambiente ideal para un demagogo, cuya aparición no se haría esperar.

B. Mussolini (mil ochocientos 83-mil novecientos 45) era un joven belicista que había sido directivo de un periódico socialista, y que en una ocasión había descuidado del servicio militar. Esta vez se presentó voluntario para el frente y regresó herido en mil novecientos diecisiete.

La experiencia de la guerra y la frustración compartida por el decepcionante resultado en Versalles le llevó a formar un conjunto político derechista que en mil novecientos 21 se convirtió en el Partido Fascista, cuyos camorristas callejeros exhibían camisas negras y el saludo romano. En los veintitrés años siguientes acabarían convirtiéndose en símbolos de opresión violenta y de un beligerante nacionalismo. Tras su marcha sobre Roma en mil novecientos veintidós y la victoria en las elecciones de mil novecientos 24, Mussolini, que se hacía llamar Il Duce (el líder), tomó pleno control del país en mil novecientos veintiséis, prohibiendo otros partidos, los sindicatos no afiliados al suyo y la prensa libre.

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En la década de mil novecientos treinta, todos los aspectos sociales estaban regulados por el partido. La economía, la banca, enormes obras públicas, la conversión de pantanos costeros en tierras arables y una ambiciosa modernización de las fuerzas armadas, todo entraba en los espléndidos planes de Mussolini. Al principio, en el campo internacional, manifestó cierta prudencia al firmar tratados de cooperación (como el Pacto Briand-Kellogg de mil novecientos 28, por el que renunciaba a la guerra) y hasta mil novecientos 35 se mostró próximo a Francia y el R. Unido para contener la creciente amenaza del veloz rearme alemán con Adolf Hitler.

Todo cambió cuando deseó invadir Abisinia (Etiopía) como primer paso en la creación de un “nuevo imperio romano”. Este beligerante aspecto de su política ya le había llevado a escaramuzas con Grecia por la isla de Corfú y a expediciones militares contra fuerzas nacionalistas en la colonia italiana de Libia.

La Liga de las Naciones condenó la aventura abisinia y desde este momento, Mussolini cambió de rumbo, acercándose a la Alemania nacionalsocialista. Los 2 países dieron su apoyo al general Franco en los tres años de Guerra Civil de España, y en mil novecientos 39 firmaron una alianza.

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La S. Guerra Mundial reventó en el mes de septiembre de mil novecientos 39 con la invasión de Polonia por Hitler. Italia siguió impasible hasta junio de mil novecientos cuarenta, cuando Alemania había invadido Noruega, Dinamarca, los Países Bajos y gran parte de Francia. Parecía demasiado simple y Mussolini se le unió en mil novecientos cuarenta, una resolución que Hitler debió lamentar después, cuando debió apoyar a Italia en campañas en los Balcanes y el norte de África, sin poder impedir los desembarcos aliados en Sicilia en mil novecientos 43.

Por aquel entonces, los italianos ya estaban hartos de Mussolini y su guerra, y el rey le mandó detener. En el mes de septiembre, Italia se rindió y los alemanes le liberaron, ocupando los dos tercios del norte del país y restableciendo al dictador.

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La lenta y penosa campaña aliada en la península y la opresión alemana condujeron a la formación de la resistencia; el norte de Italia fue liberado en el mes de abril de mil novecientos 45 y Mussolini y su amante, Clara Petacci, fueron atraparon cuando escapaban cara el norte para conseguir Suiza. Fueron fusilados y sus cadáveres se colgaron en Piazzale Lotto de M.. Lejos quedaban las esperanzas de Il Duce de un entierro glorioso a la vera de su ídolo imperial, Augusto, en Roma.